Historia de la facilitación
A medida que el transporte marítimo y el comercio se desarrollaban y crecían a principios del siglo XX, también lo hacía el papeleo. En la década de 1950 ya no se consideraba simplemente un inconveniente, sino una amenaza. El número real de documentos exigidos variaba de un puerto a otro, pero la información que se solicitaba sobre la carga y las personas transportadas solía ser idéntica. El número de ejemplares de algunos de estos documentos puede llegar a ser excesivo. A la variedad de formularios y al número de ejemplares exigidos se añadían otras cargas, como las traducciones a los idiomas locales, la exigencia de visados consulares, las variaciones en el tamaño de los documentos y en el papel utilizado y la necesidad de que el capitán autentificara la información presentada.
A principios de los años sesenta, los países marítimos decidieron que la situación no podía seguir deteriorándose. Era necesaria una acción internacional y, para conseguirla, los gobiernos recurrieron a la OMI, que había celebrado su primera reunión en 1959.
En 1961, la 2ª Asamblea de la OMI adoptó la resolución A.29 (II) que recomendaba a la OMI ocuparse del asunto. Se convocó un Grupo de Expertos que recomendó la adopción de un convenio internacional para facilitar el tráfico marítimo internacional.
En octubre de 1963, la 3ª Asamblea de la OMI adoptó la resolución A.63 (III) que aprobaba el informe del Grupo de Expertos y, en particular, recomendaba que se redactara un convenio que se consideraría para su adopción en una conferencia que se celebraría bajo los auspicios de la OMI en la primavera de 1965. La conferencia tuvo lugar y el 9 de abril se adoptó el Convenio para facilitar el tráfico marítimo internacional (FAL) de 1965.