Medio ambiente marino
El transporte marítimo, que representa alrededor del 90% del comercio mundial, es estadísticamente el modo de transporte menos perjudicial para el medio ambiente, si se tiene en cuenta su valor productivo. Por ejemplo, la enorme cantidad de grano necesaria para fabricar el pan diario del mundo no podría transportarse de otro modo que no fuera por barco. Además, en comparación con la industria terrestre, el transporte marítimo es, en general, un factor comparativamente menor de contaminación marina provocada por las actividades humanas.
El mandato original de la OMI se refería principalmente a la seguridad marítima. Sin embargo, como depositaria del Convenio internacional de 1954 para prevenir la contaminación del mar por hidrocarburos (Convenio OILPOL), la Organización, poco después de comenzar a funcionar en 1959, asumió la responsabilidad de las cuestiones relacionadas con la contaminación y posteriormente, a lo largo de muchos años, ha adoptado una amplia gama de medidas para prevenir y controlar la contaminación causada por los buques y mitigar los efectos de los daños que puedan producirse como consecuencia de las operaciones y accidentes marítimos.
Estas medidas han demostrado su eficacia en la reducción de la contaminación procedente de los buques e ilustran el compromiso de la Organización y del sector del transporte marítimo con la protección del medio ambiente. De los 51 instrumentos de tratados para la regulación del transporte marítimo internacional que la OMI ha adoptado hasta la fecha, 21 están directamente relacionados con el medio ambiente.
La labor de la División del Medio Marino está dirigida principalmente por el Comité de Protección del Medio Marino (CPMM), que es el órgano técnico superior de la OMI en asuntos relacionados con la contaminación marina, y cuenta con la ayuda de varios Subcomités de la OMI, en particular el Subcomité de Prevención y Lucha contra la Contaminación (PPR).
El objetivo original de su trabajo era la prevención de la contaminación marina por hidrocarburos, lo que dio lugar a la adopción del primer convenio global anticontaminación, el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (MARPOL) en 1973. Esto ha cambiado en las últimas décadas para incluir una gama mucho más amplia de medidas para prevenir la contaminación marina, y el Convenio MARPOL original ha sido modificado muchas veces para incluir también requisitos relativos a la contaminación por productos químicos, otras sustancias nocivas, basura, aguas residuales y, en virtud de un Anexo VI adoptado en 1997, la contaminación atmosférica y las emisiones de los buques.
Otros instrumentos internacionales competencia de la División regulan la preparación, la lucha y la cooperación en materia de contaminación por hidrocarburos (Convenio OPRC y su Protocolo OPRC-HNS de 2000), el control de los sistemas antiincrustantes perjudiciales en los buques (Convenio AFS), la prevención de los efectos potencialmente devastadores de la propagación de organismos acuáticos nocivos invasores transportados por el agua de lastre de los buques (Convenio BWM) y el reciclado seguro y respetuoso con el medio ambiente de los buques (Convenio de Hong Kong), por citar sólo algunos.
La OMI también desempeña funciones de Secretaría en relación con el Convenio sobre la Prevención de la Contaminación del Mar por Vertimiento de Desechos y Otras Materias, el Convenio de Londres, así como su Protocolo de 1996. Su objetivo es promover el control eficaz de todas las fuentes de contaminación marina y tomar todas las medidas posibles para prevenir la contaminación del mar por vertimiento de desechos y otras materias.
Muchos países en desarrollo aún no pueden aplicar plenamente estos instrumentos por diversas razones. La OMI ha establecido un Programa Integrado de Cooperación Técnica (ITCP), con el único propósito de ayudar a los países a desarrollar sus capacidades humanas e institucionales para el cumplimiento uniforme y efectivo del marco normativo de la Organización. Ayudar a estos países a trabajar en pro de un desarrollo socioeconómico sostenible y de la mejora de la protección del medio marino redundará, en última instancia, en aguas y costas más limpias, un aumento del turismo, un mayor acceso a las proteínas gracias a unas capturas de pescado mejores y no contaminadas y una gestión integrada de las zonas costeras.